Capi Leyton

Mi madre me cuenta que un día mientras me bañaba siendo yo un niño de dos o tres años de existencia que odiaba la hora de la ducha o de aseo personal,  me quede mirando por la ventana que daba a un patio trasero con vista al cielo mientras llamaba mi atención un sonido que a pesar de mi corta edad ya era conocido para mí,  se trataba de un helicóptero que volaba sobre mi casa y yo sin pensarlo dos veces comence a gritar con todas mis pequeñas fuerzas ¡helicoteo de ecate salvame! le pedía ayuda al helicóptero mientras mi mamá continuaba enjabonándome y restregando mi sucio cuerpecito.

 Después que crecí mi preciosa madre me conto esta anécdota explicándome que en ese tiempo pasaban por televisión un programa llamado helicóptero de Rescate, que como su nombre lo indica se dedicaba a rescatar personas de situaciones adversas o peligrosas, pues yo me sentía en la peor de las situaciones mientras me bañaban y por eso pedía auxilio a los gritos.

 He iniciado esta historia sobre mí, con esta peculiar anécdota para demostrar de esta forma mi terrible afición y pasión por el mundo de la aviación que tengo desde pequeño, o mejor dicho desde que tengo uso de razón. Nunca hubo para mi mejor juguete o regalo que un avión, debido a las condiciones precarias o difíciles económicamente hablando en las que crecí, aunque nunca me falto nada de lo necesario, tuve muy pocos juguetes y sobre todo aviones lo que me llevo a desatar todo mi ingenio para construir mis propios modelos alados con los palos de escoba que mi mama desechaba cuando ya estos no servían más,  cualquier material era bueno para mis creaciones aeronauticas: madera, papel, plástico, borradores de lápiz, etc. De cualquier cosa hacia un avión y de esto siempre se quejaban, y con razón, mis profesoras de primaria cada vez que mis padres debían ir a reclamar mis notas. 

Cuando crecí siempre tuve muy claro que quería ser piloto de aviones, lastimosamente mi papá y financiador de mis estudios no lo veía así, él creía que eso era un capricho mío y que pronto se me pasaría, entonces al no tener el apoyo economico por parte de él para estudiar aviación me toco decantarme por otra carrera "más aterrizada" según mi plan de vida, primero intente estudiando ingeniería civil y debo confesar con vergüenza que no alcance a terminar ni el primer semestre cuando ya me había evadido de toda clase. Luego inicié mis estudios de publicidad y aunque esto se ajustaba más a mi perfil, por mi capacidad creativa y artistica, también me sentía en el lugar equivocado, recuerdo que en último piso del edificio donde estudiaba publicidad se veía un poco la pista de aterrizaje del aeropuerto local de mi ciudad y ese se convirtió en mi lugar favorito para pasar los ratos libres entre clases a pesar de que debía escalar siete pisos cada vez que quería disfrutar de diez o quince minutos de aviación.

 Cuando llevaba siete semestres de estudiar publicidad, sin sentir que eso era lo mío y haciéndolo de mal gusto y con regulares resultados, por fin un día mi padre me dijo que entonces estudiara pilotaje tal y como yo lo quería, sin pensarlo dos veces abandone mis estudios publicitarios y salí corriendo a la academia de aviación a inscribirme y luego de alrededor de seis años estudiando aviación, saqué mi tituló como profesional de la aviación ósea como Piloto Comercial de aviones. Algunos se preguntaran por qué me demore tanto estudiando esta carrera y la respuesta es muy sencilla, debido a los altos costos de esta profesión debí parar varias veces mis estudios por falta de dinero, y luego de varios créditos en los bancos y algunas deudas que mi papa asumió logre terminar.

Lastimosamente cuando termine mi carrera yo me encontraba en una etapa adulta de mi vida, ya contaba con 34 años de edad y me di cuenta que tristemente en esta carrera la edad es importante, por eso me costó varios años buscar empleo en alguna aerolínea, me presente a varias en mi país Colombia incluyendo las más grandes y populares, pero aparentemente por mi edad que para ese entonces ya eran 36 o 37 años nadie me dio empleo a pesar de mi profesionalismo, pasión extrema y entrega máxima por esta forma de vida llamada aviación. Solo hasta hace muy poco y a mis plenos 39 años de vida cuando yo pensaba que nunca lograría volver a volar sucedió el milagro, una pequeña y naciente aerolínea de vuelos chárter me dio la oportunidad de empezar a volar y para el momento en que les escribo ésto me encuentro en el proceso de sacar mi licencia de aviones bimotores pues esta es necesaria en mi futuro lugar de trabajo ,  me encuentro cruzando los dedos pero sobre todo pidiéndole a Dios y confiando en El, esperando que muy pronto inicie mi vida como piloto aviador, tal y como lo soñaba sin saberlo desde el día que mi madre me bañaba al lado del patio de mi casa.